El pasado jueves 3 de julio de 2025, fui invitada por el Presidente de la Barra Mexicana de Abogados Capítulo Querétaro, Licenciado Mauricio Sinecio, a la presentación del libro “El Delito de Despojo”, fungiendo como comentarista en conjunto con el abogado Roberto Romero Bravo.
Fue un verdadero honor acompañar la presentación de esta obra jurídica que, con el sello editorial de Porrúa y la autoría del destacado abogado Víctor Oléa Peláez, se incorpora al debate nacional sobre uno de los delitos patrimoniales más complejos y sensibles en la práctica jurídica: el despojo. Desde el inicio te atrapa la lectura, tan solo porque Jesús Zamora Pierce prologa la obra.
El Mtro. Oléa no sólo nos ofrece un estudio técnico de gran rigor, sino que articula una reflexión crítica sobre la aplicación práctica del tipo penal de despojo, sus elementos normativos y los desafíos probatorios que enfrentan tanto la víctima como las autoridades ministeriales y judiciales.
Esta obra compuesta de 5 capítulos y casi 300 páginas, llega en un momento oportuno, cuando el acceso a la justicia en materia patrimonial requiere respuestas más eficaces frente a los agravios que sufren personas y comunidades, muchas veces en condiciones de vulnerabilidad. Representa una contribución valiosa y oportuna al estudio del derecho penal patrimonial en México. En tiempos en los que la violencia estructural, los conflictos por la tierra y el acceso desigual a la justicia se manifiestan con particular crudeza, resulta indispensable revisar con lupa los instrumentos jurídicos que nos permiten proteger eficazmente los bienes jurídicos fundamentales, entre ellos la posesión.
Hice ver cómo el delito de despojo va en aumento, haciendo la comparativa de los casos judicializados en 2024, en comparación con los recibidos este año hasta el 30 de junio. El incremento es de más del veinte por ciento.
El despojo —tipificado en el artículo 199 del Código Penal local– es un delito que se sitúa en la frontera entre lo civil y lo penal, lo que ha generado históricamente dificultades interpretativas y una práctica procesal llena de tensiones. El texto del Mtro. Oléa, fruto de su experiencia forense y su rigor académico, los aborda con solvencia. Incluso desde el prólogo, lo relativo a la forma de consumación: instantánea o permanente.
Uno de los grandes aciertos de esta obra es que no se limita a la dogmática penal clásica, sino que incorpora reflexiones desde la jurisprudencia reciente, los criterios de política criminal y el contexto social en el que se cometen estos ilícitos. Como bien señala el autor, detrás de cada caso de despojo hay, con frecuencia, una historia de desigualdad, abuso de poder o vacíos institucionales que requieren atención multidisciplinaria y una actuación judicial sensible.
Desde una perspectiva judicial, resulta particularmente relevante que este estudio ilumine los desafíos que enfrentamos los juzgadores al momento de resolver controversias en las que se entrecruzan el derecho de posesión, la tutela penal mínima y el debido proceso. Se trata, sin duda, de una obra que enriquece nuestra labor jurisdiccional y nos invita a ponderar, con mayor precisión, los límites de la intervención penal en conflictos de posesión.
Celebro la publicación de este libro y reconozco al Mtro. Víctor Oléa por su compromiso con el fortalecimiento del pensamiento jurídico nacional. Obras como esta son indispensables no sólo para quienes litigamos o juzgamos, sino también para quienes enseñamos Derecho y aspiramos a formar generaciones críticas, técnicamente sólidas y socialmente responsables.
Agradezco profundamente al autor por su generosidad académica y por su compromiso con la actualización del pensamiento jurídico penal. Libros como este enriquecen nuestra responsabilidad institucional para juzgar con perspectiva, técnica y equidad.
Mi más sincera felicitación al Mtro. Olea por esta necesaria contribución al Derecho penal mexicano y mi agradecimiento a Mauricio Sinecio por invitarme a comentar la obra.

