“Los Mejores Jueces para Nuevo León”

Fui invitada por el Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho (CEEAD), a participar en el foro “Diálogos sobre la Reforma Judicial en Nuevo León”, convocado por organizaciones de la sociedad civil nacionales e internacionales, como Konrad-Adenauer-Stiftung, Juicio Justo, el sector empresarial (COPARMEX, Consejo Nuevo León, Caintra Nuevo León) y el sector profesional (ANADE). El eslogán que distingue la suma de esfuerzos en Nuevo León para lograr una adecuada reforma constitucional, es “Los Mejores Jueces para Nuevo León”

Participé en el panel inaugural y desde mi experiencia en la carrera judicial, compartí una convicción clara: la justicia no puede someterse a improvisaciones ni a lógicas políticas.

He sido crítica de la elección popular de jueces, porque pone en riesgo la independencia judicial. Pero también sostengo que, frente a un cambio en curso, nuestra responsabilidad es otra: reducir el daño y elevar los estándares.

La clave está en una idea central:

👉 Sin formación rigurosa, no hay justicia posible.

👉 Sin independencia, no hay Estado de Derecho.

El reto no es solo reformar leyes, sino preservar la esencia de juzgar con técnica, ética y responsabilidad. Por eso celebro y aplaudo la iniciativa ciudadana de reforma constitucional que fue presentada ante el Congreso local de Nuevo León.

En mi intervención se me preguntó, ¿Qué significa implementar una reforma judicial? ¿Qué está en juego? Y con base en mi experiencia como implementadora, tanto de la justicia penal de adolescentes, como del sistema de justicia penal oral, dije que implementar una reforma judicial no es únicamente modificar normas; implica transformar prácticas, culturas institucionales y, sobre todo, la forma en que el Estado garantiza derechos. En términos técnicos, supone transitar del plano normativo al plano operativo, donde se materializa —o se frustra— el acceso a la justicia.

Lo que está en juego es la independencia judicial, la calidad de las decisiones jurisdiccionales y la confianza pública. Cuando una reforma introduce mecanismos como la elección popular de jueces, se redefine el modelo de legitimidad judicial: se desplaza del mérito técnico y la carrera judicial hacia una lógica de validación política, lo cual puede comprometer la imparcialidad.

Desde mi experiencia en la carrera judicial, sostengo que una reforma mal implementada puede erosionar más de lo que pretende corregir. Sin embargo, ante un cambio ya en curso, el reto institucional es contener riesgos y preservar los estándares mínimos de profesionalización, ética y técnica judicial.

Existe una brecha estructural entre el diseño normativo y la práctica judicial. Las reformas suelen construirse con diagnósticos generales, pero su implementación ocurre en contextos concretos, con limitaciones presupuestales, resistencias institucionales y desigualdades regionales.

Esto genera un fenómeno conocido como “simulación de cumplimiento”, donde formalmente se adopta la reforma, pero materialmente se reproducen prácticas anteriores.

En cuanto a la pregunta, ¿Dónde fallan las reformas judiciales? Dije que las reformas fallan tanto en el diseño como en la implementación, pero con mayor frecuencia en esta última.

  • En el diseño, cuando no se respeta la lógica del sistema judicial, particularmente su independencia.
  • En la implementación, cuando no se invierte en capacitación, evaluación y seguimiento.

En el caso específico de la elección de jueces, el diseño mismo introduce un riesgo estructural: la posible subordinación a intereses políticos o mayoritarios.

¿Qué errores se repiten?

  1. Subestimar la complejidad del sistema judicial.
  2. Confundir legitimidad democrática con legitimidad técnica.
  3. No fortalecer la carrera judicial como eje del sistema.
  4. Implementar cambios sin procesos rigurosos de formación previa.

Me preguntaron cuáles son los riesgos de la reforma judicial, y, desde una perspectiva técnica, dije que los principales riesgos son:

a) Debilitamiento de la independencia judicial

La elección popular introduce incentivos ajenos a la función jurisdiccional, como la necesidad de posicionamiento público o compromisos políticos.

b) Pérdida de calidad técnica

La función jurisdiccional exige especialización. Sin filtros rigurosos, existe el riesgo de que accedan perfiles sin la preparación adecuada.

c) Politización de la justicia

Se corre el riesgo de que las decisiones judiciales respondan a expectativas electorales y no a criterios jurídicos.

d) Fragmentación institucional

La existencia ahora de tres presidencias dentro del Poder Judicial, va a generar falta de orden y de gobernabilidad.

Postura propositiva.

Aunque he sido crítica de este modelo, considero que, ante su implementación, es indispensable:

  • Establecer procesos estrictos de evaluación técnica previa.
  • Diseñar programas obligatorios de formación judicial intensiva.
  • Crear mecanismos de control ético y disciplinario robustos.
  • Garantizar la independencia de la función judicial y la imparcialidad en las decisiones de los jueces.

Es decir, si el modelo cambia, debemos garantizar que quienes lleguen a la función jurisdiccional lo hagan con la mayor preparación posible.

En cuanto a ¿Qué debería cuidar Nuevo León?

Nuevo León tiene la oportunidad de aprender de errores previos (elección de 2025) y debe concentrarse en:

1. No ser espejo de la reforma federal.

La CPEUM, da un trato diferente en el artículo 116 fracción III, que es la relativa a los poderes judiciales de los Estados.

2. Profesionalización real

No basta con elegir; es indispensable formar. La capacitación debe ser previa, obligatoria y evaluable.

3. Blindaje de la independencia

Deben diseñarse reglas claras que limiten la influencia política en el ejercicio jurisdiccional.

4. Proceso electoral cuidadoso

Contar con las reformas legales necesarias para garantizar seguridad en la contienda electoral, evitar acordeones y financiamiento de grupos de poder (públicos o fácticos).

En mi mensaje final dije:

La justicia no puede improvisarse. Las reformas judiciales deben construirse con responsabilidad institucional, no con inmediatez política.

Si bien no comparto el modelo de elección popular de jueces, reconozco que el momento exige actuar con pragmatismo: si la reforma es inevitable, nuestra obligación es reducir sus riesgos y preservar la esencia de la función jurisdiccional.

La clave está en una idea central: sin jueces técnicamente capacitados, no hay Estado de derecho posible, sin importar el modelo de designación.

Felicidades a los convocantes por la organización de tan necesario foro, que muestra la preocupación real por contar con una reforma local adecuada.

Aquí comparto un video del foro y dos shorts relacionados.

La mal llamada “reforma judicial”

Más errores en la mal llamada “reforma judicial” han aparecido en estas semanas, que aunque ya se había comentado, el oficialismo había permanecido indiferente a ello.

Era totalmente previsible lo que está pasando, incluso, ya anunciado pero no quisieron escuchar.

La semana pasada (22 de abril de 2025), nos enteramos que el presidente del Senado de la República, reconoció que se les “filtraron” personas que no tienen un perfil idóneo para ser juzgadores, como es el caso de candidatos ligados al narcotráfico, con antecedentes penales o defensores de narcotraficantes, e instó al INE a que cancele dichas candidaturas. Aquí una nota al respecto.

Hay múltiples errores en lo anterior y deja patente el desaseo y falta de interés para llevar a cabo una real reforma al poder judicial.

En primer término podemos decir que fallaron los comités de evaluación, porque fueron quienes revisaron que los interesados  reunieran los requisitos de elegibilidad y posteriormente, estos fueron entrevistados por dichos comités para determinar ahora su idoneidad. Labor en la que no se percataron que ciertos aspirantes no reunían requisitos constitucionales o reuniéndolos, no “detectaron” que no tenían el perfil idóneo, en esas determinaciones que a todas luces hoy se puede confirmar que fueron más que subjetivas. Por eso, hay candidatos que tienen procesos vigentes, han sido condenados por un delito o, el colmo, servidores públicos en funciones, como una presidenta municipal en Villagrán, Guanajuato. Aquí una nota de ello.

A las personas que “consideraron” idóneas, las incluyeron en una lista que mandaron al Senado y éste, procedió a la burda tómbola. Con los suertudos, el Senado armó los listados y los envió al INE para que se continuara con el proceso electoral, como por ejemplo, la impresión de ¡¡¡602 millones 387 mil 442 boletas!!! que contienen el nombre de los 3422 candidatos (solo federales), que supondríamos, reúnen los requisitos constitucionales y cuentan con el perfil idóneo para juzgar.

Ahora dicen que sea el INE quien “cancele” las candidaturas, lo cual es imposible, porque estamos a media campaña y ya no pueden modificar las boletas para “suprimir” nombres.

El INE también incurrió en errores, porque en los cargos ordinarios de elección popular, tienen la obligación de verificar que las personas registradas como candidatos no tengan sentencia condenatoria por los delitos a los que se refiere el artículo 38 constitucional o que no sean deudores alimentarios morosos. Este “trámite” el INE no lo realizó de manera previa para poder registrar a los candidatos, culpando a los comités de evaluación al decir que era a ellos a quien correspondía hacerlo, lo que es reflejo de la falta de normativa adecuada al respecto.

Lo anterior se reconoce públicamente a casi un mes de que están en campañas personas no idóneas, y la “solución” ha sido el acuerdo que emitió el INE para aprobar un procedimiento a través del cual, verificarán que los candidatos cumplan requisitos, pero será hasta después de la elección, es decir, las campañas continúan, los candidatos que al parecer no cumplen requisitos, seguirán en campaña, llegará el día de la jornada electoral en la que personas, quizá, voten por ellos y si se ven favorecidos, será cuando el INE determine si cumplen o no los requisitos, esto es, a posteriori.

Lo anterior solo es producto de una reforma mal hecha y al vapor, sin leyes reglamentarias, todo delegado al INE a través de acuerdos; una reforma que no reforma nada en esencia salvo la manera de elegir a los juzgadores, que dio muy poco tiempo para organizar la elección “inédita” y por ello, hoy sabemos de personas que no deberían ni siquiera haber sido admitidas.

Siempre se les dijo que era una reforma apresurada que tendría efectos desastrosos. Lo estamos viendo desde ya a la mitad de la campaña. Lo que falta es aún peor: ¿quiénes serán los nuevos juzgadores que vendrán a “legitimar” la función de estado de impartir justicia?

Te comparto un video que hice de lo anterior y aquí lo puedes reproducir.