La reforma a la reforma judicial.

A un año de los errores de la elección judicial de 2025, el martes 2 de junio de 2026, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la REFORMA A LA REFORMA JUDICIAL que puedes consultar aquí y también puedes ver aquí un video que publiqué con motivo de la aprobación de dicha reforma.

Dos temas de trascendencia quedan en esta reforma: desempatar las elecciones judiciales de la política del 2027 y un curso de preparación a los aspirantes.

Sobre ello he levantado la voz en múltiples ocasiones y hoy, al menos en el plano normativo, es una realidad.

Previo a la publicación de este reforma, participé en un foro convocado por el Senado de la República en el mes de abril, al formar parte de la Red por la Independencia Judicial, un grupo de académicos, jueces, investigadores, barras de abogados, universidades, cámaras empresariales y grupos de la sociedad civil, conformados a instancia de México Evalúa.

El foro se denominó “Fortalecimiento de las elecciones judiciales en México”, en una jornada de análisis convocada por la Comisión de Justicia, presidida por el senador Javier Corral, en la que también explicaron el contenido de la iniciativa de reforma para “tratar” de corregir errores de la mal llamada  reforma judicial, que proponían diputados y senadores del partido Morena y que al menos se visualizaba mejor que la que finalmente se publicó en el Diario Oficial de la Federación.

Integré la Mesa 2: Fortalecimiento de los perfiles en la próxima elección, donde sostuve que la legitimidad democrática de los juzgadores no puede construirse al margen de su capacidad técnica, independencia y ética judicial.

Aquí puedes ver un video relativo al foro y otro más que preparé también de la propuestas que llevamos a la sesión del Senado.

La elección popular de jueces plantea riesgos estructurales para la función jurisdiccional si no se acompaña de mecanismos rigurosos de selección, evaluación y formación. La justicia no puede someterse a lógicas de competencia política sin comprometer su esencia: la tutela imparcial de los derechos.

El desafío es claro: reducir los efectos adversos de la reforma mediante profesionalización, controles institucionales y estándares de idoneidad.

Después de ese foro, desde la Presidencia de la República se presentó otra propuesta, que en una sola jornada y mediante un procedimiento acelerado, fue aprobada la llamada reforma a la reforma judicial, tanto en cámara de diputados como en el Senado.

Entre los aspectos positivos destacan dos, que como ya lo dije, han sido parte de mis propuestas: postergar la elección judicial al 2028 y la obligación de acreditar un proceso de preparación y certificación quienes aspiren ingresar a la judicatura. La formación técnica y ética nunca debe ser opcional cuando se trata de impartir justicia. Propongo que ese curso sea metodológicamente riguroso, pues al menos con eso se pretende sustituir 10 años de carrera judicial que es el tiempo mínimo que tardaba en promedio una persona con carrera en ser juez, y que además, ese curso sea transparente y público.

A pesar de estos aspectos positivos, persisten preocupaciones de fondo. La reforma mantiene un modelo que sigue debilitando la independencia judicial, limita los márgenes de actuación de las entidades federativas y prevé una elección concurrente con la revocación de mandato, lo que sigue manteniendo los riesgos de politización.

La justicia requiere jueces preparados, independientes y comprometidos con la Constitución, no solamente mecanismos electorales.

Seguiré analizando y señalando, con responsabilidad y firmeza, aquello que fortalezca a las instituciones, pero también aquello que pueda poner en riesgo el Estado de Derecho.

La discusión pública informada es indispensable para preservar el Estado de Derecho.

Conferencia Internacional: Justice Matters.

Del 6 al 8 de mayo de 2026, se llevó a cabo la Conferencia Internacional Justice Matters: Justice First. Stability Follows, organizada por HiiL, que es el Instituto de La Haya para Innovación del Derecho.

El título de la conferencia está relacionado con el mensaje que desde La Haya se envió: Primero la justicia, después la estabilidad: “La justicia importa”, lo cual aboga por un nuevo enfoque global.

De acuerdo con HiiL, el mundo se hunde cada vez más en la inseguridad. Por duodécima vez en dieciséis años, la paz mundial ha disminuido, y solo en los últimos cinco años los niveles de conflicto se han duplicado. Hoy, cincuenta países se ven asolados por una violencia extrema, intensa o turbulenta, desde guerras prolongadas y represiones autoritarias hasta una espiral de delincuencia y colapso estatal. No se trata de una crisis pasajera; es un fallo estructural. En el centro de este fallo reside un déficit de justicia. Si bien las respuestas militares, los altos el fuego y las negociaciones de desarme dominan la respuesta global a los conflictos, a menudo se ignora la ausencia de vías justas, accesibles y legítimas para la resolución de agravios. Sin embargo, la inestabilidad rara vez surge de la nada. Crece donde las personas son excluidas, maltratadas o ignoradas; donde la corrupción sustituye a la rendición de cuentas; y donde los sistemas jurídicos sirven al poder, no a las personas. La estabilidad y la justicia no son objetivos políticos separados; son condiciones interdependientes para la paz.

Durante toda la conferencia se manejó la idea de que la justicia misma debe convertirse en el fundamento de una paz duradera y sociedades resilientes. En este enlace pueden consultar todo lo relativo a la Conferencia, que invitó a un diálogo franco y honesto sobre lo que significa que la estabilidad vaya de la mano de la justicia: convertir la justicia en una estrategia fundamental para la prevención de conflictos y la consolidación de la paz, reorientar la cooperación internacional para el desarrollo y la diplomacia para priorizar el acceso a la justicia, y respetar los mecanismos locales de resolución de controversias.

Me correspondió participar en la mesa: “Diálogo judicial de alto nivel: Construyendo una justicia centrada en las personas en África e Iberoamérica” en el que analizamos cómo los enfoques de justicia abierta y centrada en las personas pueden fortalecer la estabilidad, la confianza y el acceso a la justicia. Fue organizado por la Alianza Africana para la Justicia Centrada en las Personas y la Alianza Iberoamericana para el Acceso a la Justicia, en colaboración con HiiL, Pathfinders, RIJA y el PNUD, el evento fue un espacio de intercambio entre pares para el liderazgo judicial y el aprendizaje interregional.

Compartí panel con:

  • Honorable Magistrada Jaceguara Dantas da Silva, Consejo Nacional de Justicia y Magistrada del Tribunal de Mato Grosso do Sul, Brasil.
  • Honorable. Magistrada Lillian Tibatemwa-Ekirikubinza, Magistrada de la Corte Suprema de Uganda.
  • Honorable Magistrado Gerardo Rubén Alfaro, Magistrado de la Corte Suprema de Costa Rica.
  • La Honorable Jueza Catherine Ogunsanya, Jueza del Tribunal Superior del Estado de Ogun, Nigeria.
  • La Honorable Jueza Diana Rachel Kavedza-Mochache, Jueza del Tribunal Superior de Kenia.
  • Honorable Magistrada Alexandra Sandoval, Jueza de la Sala de Amnistía e Indultos y Coordinadora de la Comisión de Género de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de Colombia.

Acudí por parte de la RIJA (Red Internacional de Justicia Abierta) de la que formo parte, y en este enlace puede consultar la nota al respecto.

Esta conferencia me generó inmensas reflexiones; escuchar las experiencias de juzgadores de regiones del mundo que se han caracterizado por múltiples conflictos armados, de violación a derechos humanos y demás atrocidades, me hizo valorar aún más la realidad de nuestro país, que aunque lamentable, no asemeja a esas crudas experiencias, pero mi mayor admiración fue escuchar que, a pesar de esas atrocidades, las personas buscan y quieren justicia, no venganza, y apuestan en sus sistemas de justicia para fortalecer las instituciones, poder sancionar a los responsables, evitar impunidad y regresar a las víctimas la dignidad, para ello, dijeron, es importante que se evite la injerencia política en los poderes judiciales, precisamente para dar la justicia que las personas merecen.

Aquí dejo el video al respecto y uno más sobre mi participación.

Un verdadero orgullo ser la única juzgadora mexicana en asistir, compartir la experiencia de Querétaro en justicia abierta y mecanismos de justicia informal, en el marco de la mal llamada reforma judicial.

Nuestro país sigue llamando la atención en negativo por la elección popular de todos los jueces, federales y locales, incluidos los ministros. Mientras en otros lares fortalecen sus sistemas de justicia, aquí, lamentablemente se debilita a los poderes judiciales, en perjuicio de todas las personas.

Corte Internacional de Justicia y Corte Penal Internacional.

En mi estancia en La Haya, con motivo de mi participación en la Conferencia Internacional Justice Matters, no pude dejar de visitar los tribunales internacionales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial.

Recorrer tanto la Corte Penal Internacional como la Corte Internacional de Justicia, no fue únicamente estar en dos instituciones jurídicas emblemáticas. Fue confrontarme, como juzgadora, con la historia más dolorosa de la humanidad.

Con las guerras, los genocidios, las persecuciones y las atrocidades cometidas contra seres humanos… por otros seres humanos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo prometió que nunca más la fuerza estaría por encima del Derecho.

Por eso nacieron tribunales internacionales: para intentar sustituir la violencia por la justicia y la barbarie por instituciones.

Sin embargo, las guerras continúan.

Los conflictos armados siguen arrebatando vidas inocentes.

Y la dignidad humana continúa siendo vulnerada en muchas regiones del mundo.

La existencia de estos tribunales me hizo reflexionar sobre algo profundamente humano y profundamente doloroso: el Derecho, por sí solo, no basta si las sociedades no defienden la paz, la verdad y la dignidad de las personas.

Como juzgadora, esta visita me dejó una convicción aún más fuerte: impartir justicia es asumir una responsabilidad ética frente al sufrimiento humano y nunca perder de vista que detrás de cada expediente hay vidas, historias y dolor real.

Hoy más que nunca, el mundo necesita instituciones fuertes, jueces independientes y sociedades que comprendan que la justicia y la paz jamás deben darse por sentadas.

Recordé la frase: “Nada de lo humano me es ajeno”

Aquí les dejo un video sobre mi visita a ambas Cortes.

Justice Matter: Ministro de Justicia del Líbano.

En el marco de la conferencia internacional Justice Matters, celebrada en La Haya y organizado por  HiiL (The Hague Institute for Innovation of Law)⁠, escuché y dialogué con el Ministro de Justicia del Líbano, Adel Nasaar. quien nos compartió una realidad que para muchos resulta difícil siquiera imaginar.

Desde una región marcada por conflictos armados, tensiones geopolíticas y constantes amenazas a la estabilidad institucional, expuso los enormes desafíos que enfrenta el Líbano para preservar la democracia, el Estado de Derecho y la confianza de la ciudadanía en las instituciones.

Dijo que en los momentos más difíciles es cuando el derecho y la justicia se vuelven más necesarios.

Compartió la importancia de investigar los crímenes que han marcado a su país, fortalecer la cooperación internacional y reconstruir las instituciones encargadas de garantizar la paz social. Pero, sobre todo, insistió en una idea que considero fundamental para cualquier democracia: proteger al Poder Judicial de las injerencias políticas.

Mientras en México se erosiona la independencia judicial, en el Líbano, aún con sus conflictos de otras dimensiones, continúan impulsando reformas para fortalecerla, convencidos de que sin jueces independientes no puede existir una verdadera democracia ni una paz duradera.

Escucharlo fue recordar que la justicia no es un lujo de los tiempos de estabilidad. Es, por el contrario, una de las herramientas más importantes para superar las crisis, reconstruir sociedades fracturadas y defender la dignidad humana. Una gran lección que debemos aprender.

Su mensaje fue de realismo, pero también de esperanza: a pesar de los obstáculos, siguen trabajando para fortalecer sus instituciones y mantener viva la convicción de que el Estado de Derecho sigue siendo el camino.

Justice Matters: Juez Albie Sachs.

Con una de las grandes figuras de la justicia constitucional contemporánea.

Tuve el privilegio de escuchar y dialogar con el juez Albie Sachs durante la conferencia internacional Justice Matters, celebrada en La Haya y organizada por  HiiL (The Hague Institute for Innovation of Law)⁠, a la que fui invitada como única juzgadora mexicana.

La historia de Albie Sachs es una de las más extraordinarias que he conocido en el mundo jurídico. Como abogado luchó contra el régimen del apartheid en Sudáfrica, defendiendo los derechos de las personas perseguidas por un sistema basado en la discriminación racial. Por ello fue detenido, encarcelado y obligado al exilio. En 1988 sufrió un atentado con bomba organizado por agentes del régimen, que le costó un brazo y la visión de un ojo.

Sin embargo, lejos de responder con odio o venganza, convirtió el sufrimiento en una convicción aún más profunda por la dignidad humana, la reconciliación y el Estado de Derecho.

Tras la llegada de la democracia, fue nombrado integrante del primer Tribunal Constitucional de Sudáfrica, donde contribuyó a construir una de las jurisprudencias más influyentes del mundo en materia de derechos humanos, igualdad, dignidad y justicia constitucional.

Escucharlo fue una lección de vida. Su testimonio demuestra que la independencia judicial no es una abstracción académica, sino una conquista que muchas personas han defendido incluso a costa de su propia integridad física.

También nos recuerda que la justicia puede ser una fuerza transformadora cuando se ejerce con valentía, humanidad y compromiso democrático.

A pesar de todo lo que sufrió, el juez Sachs sigue creyendo en la necesidad de fortalecer instituciones judiciales independientes, accesibles y comprometidas con la protección de los derechos fundamentales.

Su vida es prueba de que la adversidad puede destruir a una persona, pero también puede convertirla en un referente moral para generaciones enteras.

Diez años de COSMOS: La justicia oral centrada en las personas entendida como sistema.

Hace exactamente diez años, el 30 de mayo de 2016, entró en operación en Querétaro el modelo COSMOS para la gestión del Sistema de Justicia Penal Acusatorio y Oral. Lo que para la ciudadanía fue una fecha discreta —una más en el calendario institucional— marcó, en realidad, el inicio de un experimento de política pública que hoy es referente nacional e internacional. Una década después, conviene detenerse no a celebrar los logros, sino a comprender por qué funcionó. Y la respuesta, sostengo en este ensayo, cabe en una sola palabra: la visión sistémica.

De la fragmentación al diseño.

El punto de partida –en agosto de 2015 que iniciamos los trabajos–, implicó un gran reto. La reforma constitucional del 18 de junio de 2008 había mandatado a todo el país transitar al modelo acusatorio y oral, pero la implementación gradual en los cinco distritos judiciales de Querétaro (San Juan del Río, Amealco, Cadereyta, Tolimán y Jalpan, que iniciaron en 2014), arrojaba diagnósticos poco halagüeños. El problema de fondo no era normativo —la ley estaba dada— sino operativo y de coordinación: instituciones que compartían un mismo procedimiento penal, pero que trabajaban de espaldas unas a otras, sin trazabilidad común, sin información en tiempo real, sin una métrica compartida de desempeño y con ningún sistema de gestión propio diseñado.

La decisión de origen fue por ello conceptual antes de irnos con la inercia común. En lugar de contratar el enésimo despacho de consultoría para “capacitar operadores”, se optó por rediseñar la arquitectura de la operación: entender que la denuncia, la investigación, la defensa, el control judicial, la medida cautelar, el juicio, la sentencia y su ejecución no son etapas sueltas, sino eslabones de una misma cadena causal. Esa intuición —que parece evidente enunciada, pero que casi ningún sistema de justicia en México había logrado institucionalizar— es el núcleo de COSMOS y fue la visión del Coordinador General desde entonces, el Dr. Juan Martín Granados Torres.

Se diseñó el modelo general internamente, así como el sistema informático que hace posible la trazabilidad. Y surgieron todos los modelos diseñados por cada institución bajo una misma visión sistémica, con tres ejes transversales que son el normativo, informático y el de capacitación.

¿Qué es, en rigor, Cosmos?

COSMOS no es un sistema de seguridad o de mera operación policial. COSMOS es un modelo de gestión interinstitucional con enfoque sistémico de la justicia penal. Reúne, en condiciones de igualdad y sin jerarquías, a todas las instituciones que intervienen en un procedimiento penal desde la denuncia hasta la ejecución de una sentencia: policías municipales y estatales, Fiscalía General del Estado, Defensoría Penal Pública, Atención a Víctimas, UMECAS, Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias, Poder Judicial y Sistema Penitenciario. Cada institución tiene su propio modelo de gestión que contribuye al todo, bajo una misma visión: la justicia penal funciona eficaz y eficientemente si se centra en las personas y hace efectivos los derechos reconocidos constitucional y legalmente.

Su rasgo distintivo es la trazabilidad: cada caso puede seguirse a lo largo de toda la cadena, con información interconectada en tiempo real y soportada en tecnología propia, incluida la práctica, primera en el país, de levantar denuncias directamente en campo mediante dispositivos electrónicos, como un mecanismo real de acceso a la justicia. No se trata de digitalizar expedientes, sino de medir. Lo que se mide, se gestiona; y lo que se gestiona con datos, se corrige antes de que falle.

Dentro de esa arquitectura, el modelo de procesos judiciales —la gestión de casos y de audiencias dentro del Poder Judicial, que tengo el honor de coordinar desde el inicio— cumple una función específica y verificable: garantizar que las audiencias se programen dentro de plazos legales, que las audiencias no se difieran por una inadecuada gestión en la programación, que su duración sea en plazos razonables y que se haga efectivo el debido proceso, a través de la adecuada preparación y capacitación de juzgadores. No es un detalle administrativo. Es la diferencia entre un derecho que existe en el papel y un derecho que se ejerce en el tiempo oportuno.

La tesis central: si un subsistema falla, colapsa el todo.

Un sistema no es la suma de sus partes. Es la relación entre ellas. La teoría general de los sistemas de Ludwig von Bertalanffy lo formuló con precisión hace más de medio siglo: las propiedades de un todo no se explican aislando sus componentes, sino comprendiendo su interdependencia. Niklas Luhmann llevó esa intuición al terreno jurídico al describir el derecho como un sistema que se reproduce a partir de las operaciones de cada uno de sus elementos. La justicia penal acusatoria es, en este sentido, el ejemplo más nítido de un sistema en cadena.

Pensemos en el recorrido real de un caso. Una detención que se practica al margen de la ley contamina todo lo que viene después: por sólida que sea la investigación, el juez de control no podrá calificarla de legal y la prueba obtenida quedará excluida. Una investigación deficiente de la Fiscalía no se repara en la sala de audiencias: genera una sentencia absolutoria y ello, impunidad. Una defensa que no opera en condiciones de igualdad vulnera el debido proceso desde la raíz. Un órgano jurisdiccional que acumula audiencias y dilata los plazos convierte la oralidad en simulación. Una medida cautelar mal supervisada erosiona la confianza en todo el modelo. Un facilitador de medios alternativos que no procura la solución del conflicto en delitos menores, termina colapsando el sistema judicial. Y un sistema penitenciario que no garantiza condiciones dignas ni reinserción anula, en su tramo final, el sentido de toda sentencia justa.

El sistema acusatorio y oral regulado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos desde junio de 2008 y vigente en todo el país a partir de 2016, tiene un objetivo muy claro: resolver los casos penales de manera eficaz y efectiva, a través de salidas alternas en delitos menores y de gravedad media (mecanismos alternativos regulados en su propia ley; acuerdos reparatorios y suspensión condicional del proceso; procedimiento abreviado; aplicación del criterio de oportunidad a cargo de fiscales), de tal manera que solo un reducido número de casos (los hoy llamados de alto impacto) se judicialicen, incluso, son los que se resuelven en procedimiento ordinario (etapa de juicio oral). Tomando como punto de partida estas diferentes formas de proceder reconocidas constitucionalmente, es que también se diseñó el sistema COSMOS, para dar respuestas efectivas en tiempos razonables a víctimas e imputados y no colapsar el modelo de gestión judicial.

La conclusión es ineludible: la fortaleza del sistema equivale a la de su eslabón más débil. No existe la “buena justicia penal” de una sola institución. Existe, o no, la coordinación de todas. Un subsistema que falla no se queda solo en su falla, sino que impacta a todo y deslegitima el trabajo de los demás. Por eso, la métrica que importa no es cuánto destaca cada institución por separado, sino cuán pocos puntos de quiebre tiene la cadena completa.

La evidencia externa.

La validación no proviene de la autoevaluación, sino de organismos independientes que aplican metodología comparada. México Evalúa, en su estudio “Hallazgos”, ubica a Querétaro en el primer lugar nacional de su ranking de justicia penal de manera ininterrumpida de 2017 a 2024 —siete años consecutivos al cierre del más reciente ejercicio—. En agosto de 2025, esa organización publicó un estudio de caso dedicado, bajo un título que es una tesis en sí mismo: Un mejor sistema de justicia penal es posible. Caso Querétaro, donde hace una síntesis de esos siete años de evaluar el sistema de justicia penal de nuestro Estado.

Por su parte, el World Justice Project, a través del Índice de Estado de Derecho en México, ha situado a la entidad en la primera posición del factor justicia penal durante seis años consecutivos, y describió a cosmos como una “isla de integridad” cuya receta debería replicarse en el resto del país. La distinción no es retórica: significa que un modelo nacido en una entidad federativa resiste el escrutinio de estándares internacionales de estado de derecho, transparencia y ausencia de corrupción.

Conviene, sin embargo, no confundir el termómetro con la salud. Los reconocimientos miden el resultado; no son el objetivo. El objetivo siempre fue, y debería seguir siendo, que cada persona —víctima o imputada— reciba una justicia oportuna, legal y centrada en su dignidad.

Una década después: la fragilidad de lo logrado.

Si la primera lección de cosmos es que la justicia funciona como sistema, la segunda es que ningún sistema es irreversible. Diez años de liderazgo no blindan contra el deterioro; lo hacen, si acaso, más costoso de perder. La sostenibilidad del modelo dependerá de tres condiciones: preservar la coordinación interinstitucional por encima de los ciclos políticos; profesionalizar y certificar de manera continua a quienes lo operan; y, mantener la apertura —la justicia abierta— como mecanismo de rendición de cuentas que obliga al sistema a mirarse de frente.

La interdependencia que hoy explica el éxito es, vista desde otro ángulo, la mayor vulnerabilidad: basta que un eslabón se descuide para que la cadena entera se resienta. Esa conciencia —y no la complacencia del reconocimiento— es la única manera responsable de celebrar una década.

A lo anterior debemos sumar aspecto externos que impactan en el sistema, y me refiero a las reformas regresivas que se han realizado a la Constitución y al Código Nacional de Procedimientos Penales, en temas que rompen con la lógica acusatoria y el juzgar en libertad, como la ampliación del catálogo de delitos de prisión preventiva oficiosa (de la misma forma que era antes en los códigos procesales de cada entidad federativa), o el incremento de resoluciones apelables que propician alargar en demasía los procedimientos y entonces, la justicia penal ya no es pronta ni expedita; así como también, una política criminal que tiene más correspondencia con un procedimiento penal de corte tradicional, donde el mayor porcentaje de casos inicia con persona privada de la libertad, no se solucionan los asuntos menores a través de las salidas alternas y se colapsa el sistema de gestión que impide cumplir en los plazos legales, como lo ordena nuestra Constitución.

Diez años después la pregunta no es si seguimos cuidando cada engranaje con la misma exigencia del primer día, sino si un sistema es sostenible a pesar de las regresiones antes dichas, lo cual obliga a reflexionar sobre cómo debe rediseñarse el modelo para seguir sirviendo a víctimas e imputados: ellos lo exigen y lo merecen.

Del resultado de lo anterior depende que el segundo decenio de Cosmos sea, otra vez, una historia que merezca contarse.

Aquí te comparto un video de los 10 años de Cosmos y de la reunión de la Subcomisión de Procesos Judiciales, que tuvimos el lunes 25 de mayo de 2026.