En el marco de la conferencia internacional Justice Matters, celebrada en La Haya y organizado por HiiL (The Hague Institute for Innovation of Law), escuché y dialogué con el Ministro de Justicia del Líbano, Adel Nasaar. quien nos compartió una realidad que para muchos resulta difícil siquiera imaginar.
Desde una región marcada por conflictos armados, tensiones geopolíticas y constantes amenazas a la estabilidad institucional, expuso los enormes desafíos que enfrenta el Líbano para preservar la democracia, el Estado de Derecho y la confianza de la ciudadanía en las instituciones.
Dijo que en los momentos más difíciles es cuando el derecho y la justicia se vuelven más necesarios.
Compartió la importancia de investigar los crímenes que han marcado a su país, fortalecer la cooperación internacional y reconstruir las instituciones encargadas de garantizar la paz social. Pero, sobre todo, insistió en una idea que considero fundamental para cualquier democracia: proteger al Poder Judicial de las injerencias políticas.
Mientras en México se erosiona la independencia judicial, en el Líbano, aún con sus conflictos de otras dimensiones, continúan impulsando reformas para fortalecerla, convencidos de que sin jueces independientes no puede existir una verdadera democracia ni una paz duradera.
Escucharlo fue recordar que la justicia no es un lujo de los tiempos de estabilidad. Es, por el contrario, una de las herramientas más importantes para superar las crisis, reconstruir sociedades fracturadas y defender la dignidad humana. Una gran lección que debemos aprender.
Su mensaje fue de realismo, pero también de esperanza: a pesar de los obstáculos, siguen trabajando para fortalecer sus instituciones y mantener viva la convicción de que el Estado de Derecho sigue siendo el camino.

